
Vi en la televisión un programa que se trata de mujeres que llegan al parto sin saber que estaban embarazadas. Derrochando inventiva, el programa se llama No Sabía Que Estaba Embarazada.

Los más de los niños lloran. Otros gimen. Algunos sollozan. Los hay que chillan. Las caras de las mamás son opacas y ojerosas. Algunos indios denotan haber estado en el mismo lugar por varios días. Los de los uniformes blancos y azulverdes pasan y pasan siempre viendo papeles, nunca viendo a la gente. Las de las ventanillas están con unos teléfonos obsoletos pegados a la cara y con las miradas como muy allá de la puerta que desde sus cabinitas debe aparecer inalcanzable.
El acurrucamiento es una actividad humana de lo más compleja, poco apreciada y, en definitiva, nada estudiada. Acurrucarse disminuye los niveles de factores negativos para el organismo como son el frío, la tristeza, la angustia y el miedo. En su gestión se inmiscuyen variables sociales como el nivel de afecto, la situación de parentesco o relación y la edad de los acurrucandos; y fisiológicas como el tamaño y posición de los cuerpos y el mueble sobre el que se da la acurrucación.
