domingo, abril 08, 2018

Tiempos y anticipaciones

Cuando Griezmann remata contra el arco protegido por Navas, sé que en realidad lo hizo hace dos minutos. Lo sé porque ese fue aproximadamente el tiempo que pasó entre que la aplicación de mi teléfono avisó del inicio del partido y que el árbitro pitara en mi pantalla autorizando mover el balón. En el futbol dos minutos son mucho tiempo.

Mi teléfono permanece bocarriba sobre la mesa, a una distancia suficientemente cercana como para darme cuenta cuando la aplicación notifica algo, pero suficientemente lejos como para no alcanzar a leer qué dice. La pantalla se ilumina. Debe ser un gol.

En la televisión el rival de mi escuadra está sacando de meta. Se me viene ese hormigueo que sube espumoso desde la panza hasta el cuello. El adversario vestido de blanco avanza sobre el campo y llega hasta nuestra portería. Kroos la vuela y jalo mucho aire: el gol no era contra nosotros. Nuestro arquero despeja y en dos toques estamos en el área contraria. Me preparo para celebrar. El hormigueo ahora es placentero, anticipando la explosión. Dos toques hacia adelante, uno para atrás, dos hacia adelante, uno para atrás… ¿quién va a anotar? El hormigueo regresea, pero ahora se parece más a un espasmo: los blancos la robaron y van de regreso como estampida contra nuestra puerta. Maldita sea. Sí era de ellos. El dolor de la herida abierta en nuestra portería por el 7 de los blancos es parecido al de esa inyección por la que te angusiaste durante dos días: las punzadas palpitan, pero el alivio de finalmente dejar atrás la mortificación es innegablemente agradable.

Ya. Ya está. El balón vuelve a rodar. Queda casi todo el segundo tiempo por delante y no parece descabellado que empatemos o incluso le demos la vuelta a este marcador. Me acomodo y sigo el juego con tranquilidad… cuando la pantalla del teléfono se vuelve a encender.

 0 comentarios

miércoles, abril 04, 2018

Letreros y personas

En la avenida Independencia, apenas pasando la Gómez Farías, hay un pequeño local cuyo frente es todo de vidrio. Sólo hay un letrero, que en realidad es una hoja de papel donde está escrito a mano “El pakistaní”. Adentro del local, de apenas un metro y medio de fondo, se ve algo de ropa para dama colgada en los muros y en medio una mesa donde está sentado un tipo de piel morada y grandes ojos amarillos.

 0 comentarios

sábado, marzo 31, 2018

Pensamientos y olvidos

Suena mi teléfono. Es Jesús, de quien me acabo de despedir en el café hace apenas dos minutos. Carajo. Seguro olvidé algo. Deslizo el botón para contestar y en lo que me llevo el aparato a la oreja repaso mentalmente: no es la tarjeta, porque pagué en efectivo; tampoco la cartera, porque el efectivo lo llevo en el bolsillo del pantalón, así que no la saqué; no puede ser la computadora, porque siento el peso en la mochila que llevo en la espalda; tampoco son los lentes de sol, porque los traigo puestos; ¿será la libreta?, no, no la he utilizado hoy. Jesús, ¿qué tal? ¡Guso! ¡Se te quedó la bicicleta en el Kaldi!

 0 comentarios

sábado, marzo 03, 2018

Bancas y partidos

México no jugó en el Mundial de Italia 90, pero igual en el salón audivisual de la escuela nos pusieron una televisión más profunda que ancha donde podíamos ir a ver los partidos en el recreo. Entré a ver alguno de los juegos y vi que en la segunda fila de largas bancas metálicas estaba sentada Lily, la de sexto ce, la que me gustaba. Avancé por el pasillo central ponderando si debía sentarme enseguida, atrás o un poco lejos de Lily. De pronto todo se sacudió y en mi cabeza había algo parecido a cuando poníamos esas teles más profundas que anchas en el canal 3. Estaba en el piso, junto a una de las bancas de metal. De mis costillas de atrás a la izquierda salía un calor que nacía como dolor y se tornasolaba en adormecimiento hacia el resto de mi espalda. Me habían empujado. Lily seguía platicando con su amiga y no veía ni el partido ni a mí. Me levanté, di dos pasos y volví a salir disparado. La sorpresa fue menos y pude ver que Pepe Villanueva de segundo de secundaria es el que me había empujado. Esta vez choqué contra el respaldo de la banca y dolió mucho menos pero sonó mucho más. Lily volteó. Con la cabeza caliente y los costados entumecidos, me puse de pie concentrado en caminar derecho y en que no se me escurrieran las lágrimas. Pepe me volvió a lanzar. Ya, wey, déjalo, nada más va a pasar. Pues que se siente atrás. Déjalo que pase, se va a poner ahí adelante. Dirigí mis ojos hacia un asiento vacío que no se interponía entre Pepe y la pantalla. Pepe lo vio y asintió con la cabeza. Yo no lo vi porque tenía los ojos empapados. Con las costillas palpitándome, pasé cerca de Lily y me senté hasta adelante, donde ni Pepe ni ella pudieran ver como una lágrima helada pasaba sobre mi mejilla caliente. Pinche Pepe.

 0 comentarios

jueves, febrero 15, 2018

Aves y ciudades

Cada año llegan a la ciudad millones de tordos cabeciamarillos (Xanthocephalus xanthocephalus). Tradicionalmente se han apostado en los encinos (antes sicomoros) del camellón frente a Plaza Galerías y en los pinos de la Deportiva, pintando las copas de negro y amarillo enmedio de un ruido sobrecogedor. Últimamente se acomodan también en cables de electricidad por Walmart Juventud y ayer vi una parvada de tamaño considerable en los árboles de dos casas en San Felipe, pero no pude tomarles foto porque los árboles estaban en los patios interiores y desde la calle no se distinguían en la cámara del teléfono.

No sé por qué, pero cada año cuando veo a los tordos cabeciamarillos me siento muy feliz.

 0 comentarios

miércoles, enero 24, 2018

Canciones y tarareos

Conducía por el Periférico de la Juventud cuando comenzó a sonar. Era una de esas canciones que activan la sensación de que la conoces, que la has escuchado antes, que es tuya… a la vez que la desconoces y es absolutamente novedosa. Activar Shazam en el teléfono para identificarla era una posibilidad, pero yendo a ochenta kilómetros por hora en una vialidad sin altos la idea no era muy sensata, por lo que no me quedó de otra más que esperar a que terminara y que el locutor mencionara el título. Pero llegó el final y comenzaron los comerciales y ya nada se mencionó al respecto.

Cuando finalmente me detuve saqué mi teléfono, abrí Shazam y comencé a cantar. When they say repent… repent… repent… La aplicación respondió que no, que lo sentía pero no, que no podía reconocer temas cantados o tarareados por el usuario. Sintiéndome todo idiota, miré alrededor esperando que nadie me estuviera observando.

 0 comentarios

sábado, enero 13, 2018

Tacos y burritos

La diferencia entre los tacos y los burritos es mucho más compleja que la mera elección de una tortilla de harina de maíz o una de harina de trigo, y obedece a cuestiones profundas que se incrustan hasta su misma conceptualización. Esta diferencia no es del todo clara para los extranjeros e incluso no muchos mexicanos la perciben en su totalidad.

Si recurrimos a una definición simplista de los términos “taco” y  “burrito”, en efecto encontraremos que uno se explica como el platillo en el que se coloca un guiso adentro de una tortilla de maíz, mientras que el otro es lo mismo pero en una tortilla de harina de trigo. Sin embargo, la génesis de cada platillo obedece a factores de corte pragmático diferentes. En el taco, la tortilla de maíz se asume como sustituto de los cubiertos, es el utensilio con el cual nos llevamos el guiso a la boca. Por su parte, la tortilla de harina de trigo del burrito no cumple las funciones de un cubiertos, sino que es un empaque para transportar el alimento. Entenderlo así es claro al pensar que los tacos no son un platillo que pueda consumirse –al menos fácilmente– caminando y que suelen prepararse en el momento en que se sirven, mientras que el burrito es una comida empacada que puede moverse cómodamente con quien lo consume y que puede confeccionarse horas o incluso días antes de comerse.

 3 comentarios