sábado, noviembre 05, 2016

Mesas y oficinistas

Coloqué mi computadora y mi taza donde siempre lo hacía, en la mesa más grande del café, esa donde por las tardes cabíamos hasta seis personas con nuestros equipos, pero en la que por las mañanas solía estar yo solo. Poco después entró un tipo con traje azul marino y se acomodó en una esquina de la mesa. Su computadora marca Dell tenía una etiqueta con un código de barras y número de inventario. Saludé con un casi imperceptible movimiento de cabeza. Luego llegó otro oficinista casi idéntico y se colocó frente al primero con su computadora Dell etiquetada. Llegó luego otro. Y otro. Llegó también una hembra oficinista (así lo supe porque su traje azul marino en vez de pantalón tenía falda). En unos minutos estaba en medio de trajes azules, computadoras Dell y una conversación en la que anotaban nombres de médicos para ofrecerles incentivos y obsequios. Tomé mi computadora y mi café y me fui a otra mesa.

Buenos días, disculpa, sabes que vamos a tener una reunión y esperamos a más personas y, como puedes ver, sólo cabríamos en esta mesa, ¿sería mucha molestia si te pudieras acomodar en otra más chica?, te agradeceríamos mucho; pensé que yo hubiera dicho algo así.

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martes, octubre 04, 2016

Muertos y muertes

Alfredo y yo éramos amigos, aunque casi no hablábamos desde que me cambié de departamento en el trabajo. Por eso me desconcertó que me llamara aquel martes por la noche. Por eso le contesté. Hoy se murió mi papá, pero no le quise decir a nadie, me dijo. Mi papá era cantinero y estoy en donde trabajaba, ¿no quieres venir? Y fui.

Fui también al panteón al otro día. Pasé por Alfredo y me hizo dar tantas vueltas que llegamos tarde. Saludamos a la breve comitiva de su familia cuando nosotros entrábamos y ellos salían. Caminamos por el panteón y era uno de esos panteones de mitades del siglo pasado donde algunas de las tumbas son como pequeños y ridículos mausoleos y le conté de “Aquí descansa Nevares” de Pere Calders.

Finalmente llegamos a un espacio del cementerio donde cabían tres tumbas y en el que ya había dos. La primera decía Alfredo Salas. La segunda también y estaba cubierta de flores y a su lado habían dejado tirada una pala. Son mi abuelo y mi papá, dijo Alfredo. Apunté al espacio que sobraba, Y mira, ahí vas a ir tú después.

Esto fue hace seis años. Alfredo murió esta mañana.

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viernes, julio 15, 2016

Sueño y bebés

Uy, de seguro no duermes nada. Después de once años, volví a ser padre. Un par de gemelos. El tema de la dormida es el primero o el segundo que tocan conmigo casi todas las personas.

Sin duda estas últimas semanas no son en las que mejor o más he dormido. Pero con la perspectiva que me brinda la diferencia de edades entre mis hijos, sé que de hace once años recuerdo las primeras risas, recuerdo cuando le puse el apodo que hasta la fecha lleva, cuando caminó, cuando me dijo papá, cuando olvidé sujetar su silla al asiento del auto y se fue de lado en una curva, cuando probó el helado y cuando salió de su primer día en la guardería. De cuánto dormí o cuánto dejé de dormir no me acuerdo nada.

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sábado, febrero 06, 2016

Música y atuendos

Era el 2000 y un chico apareció cantando “And it was all yellow” mientras amanecía sobre una playa. Coldplay era algo cotidiano, orgánico, genuino. Chris Martin éramos todos: se aferraba a una guitarra acústica –muy parecida a la que yo tenía– y llevaba ropa como comprada en Suburbia mientras cantaba con dulzura letras que podían haber sido escritas por nosotros mismos. Parachutes era apenas su primer álbum y yo ya los consideraba una de las bandas voceras de mi vida.

Apenas dos años después, Chris Martin decidió que prefería ser como Bono el de U2. Pero no como aquel Bono de The Joshua tree y Rattle & hum, sino como el Bono que –igual que Martin en 2002– prefirió los escenarios estrambóticos y los atuendos de diseñador en vez de preferirme a mí.

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lunes, febrero 01, 2016

Signos y conversaciones

Las letras y todos los demás signos que utilizamos para escribir sirven para plasmar el modo en que hablamos. Asignamos un sonido a la a, uno a la jota, uno a la te y así a todas las letras hasta la zeta. Ponemos tildes para que entendamos dónde va la sílaba tónica, signos de interrogación para indicar que, de estar hablando, usaríamos un tono de pregunta, comas para emular las pausas que hacemos y negritas para que quien lea entienda que ponemos énfasis en cierta palabra.

Por eso me gustan las comillas, porque son el único signo que ha logrado ser más que una herramienta para imitar el habla. De hecho, es el único signo que ha transitado el camino al revés: en vez de ser algo hablado que se convirtió en escrito, es algo escrito que adoptamos en lo hablado: levantamos las manos, paramos los dedos índice y medio de ambas y los movemos para entrecomillarnos al hablar.

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lunes, enero 25, 2016

Postres y drogas

Las paletas Germania de Santa Isabel son una tradición en el estado de Chihuahua. Elaboradas en una casona de la calle principal del pueblo, llegan a tiendas de muchas ciudades. Mango, cacahuate, melón, café, aguacate, plátano, nuez.

Para probar la paleta de marihuana, hay que meterse por la callejuela empedrada lateral del local, caminar una, dos, tres ventanas y golpear una, dos, tres
veces en el vidrio. Cuando se corra la ventana, se pregunta Disculpe ¿tiene postres? y nos responden ¿Postres postres? y repetimos Postres postres. Listo.

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miércoles, enero 20, 2016

Niñas y ausencias

Cuando estás en primaria haces mucho por la que te gusta. Sabes a qué hora la deja su mamá, dónde se sienta en el recreo a comer con sus amigas y a qué hora viene en la tarde al voli. Te inventas cosas para pasar cerca de ella donde quiera que esté, pero con discreción, que parezca casual. Todo el día la sigues con los ojos.

Por eso, aquello de “y hasta ahora lo supe de repente cuando oí pasar su nombre y ella no estuvo presente” no tiene ningún sentido.

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