16 de febrero de 2026

Enfermedades y hieleras

Hace dos años visité frecuentemente el Centro Estatal de Cancerología. Era común ver a personas cargando hieleras. Iban por sus quimioterapias. Casi siempre esas personas con hieleras se veían muy enfermas. Ese día entró un señor cargando una y llamó a una puerta. Una enfermera le abrió y se dijeron algo. La enfermera cerró la puerta y en unos segundos regresó acompañada de otras cuatro enfermeras. Ese señor debe estar muy grave, pensé. Pero no: era el señor de los burritos. Saludos desde Chihuahua.

24 de enero de 2026

Futuros y conexiones


En las películas hechas antes de los noventa, el siglo xxɪ es el futuro y lo muestran con teletransportación, con androides conviviendo entre la población, con las personas habitando en megalópolis y, sobre todo, con autos voladores.
Ya pasamos el primer cuarto del siglo xxɪ y no tenemos nada de eso.
Pero hay algo que nadie vio venir. Ni las películas desarrolladas en el futuro ni las sagas de la galaxia lo muestran. Hablo de la conectividad, de los teléfonos celulares. Cuando mucho, los personajes del futuro (o del espacio) cuentan con comunicadores (muchas veces llevados como relojes) que son más como un walkie talkie. Pero que fuéramos a estar conectados todos con todos y con todo no se vislumbró.
Ni en su peor pesadilla George Orwell hubiera imaginado que serían los propios ciudadanos quienes construirían y mantendrían al Gran Hermano.

19 de enero de 2026

Alias y delirios


Conocía a Bronson por amigos en común, por las tocadas de bandas locales y, sobre todo, porque trabajaba en Melómano, la tienda de discos que estaba en la esquina de Ojinaga y Tercera. Pensaba que su apodo era genial. Bronson.

Luego alguien me preguntó que por qué le decía Bronson. Dije que porque así le decían. Me dijeron que no, que nadie le decía así. Así que dejé de decirle Bronson, pero sigo pensando que el apodo era genial.

10 de enero de 2026

Teléfonos y estrellas


I dialed her number. She picked up. Hello?, she said. I said nothing. Hello? Nothing. And I hung up. A minute later my phone rang. It was her. Did you just call? No… why? Well, somebody just called and hung up, so I dialed star 69 and you picked up.

Star 69. So that´s what R.E.M.’s song “Star 69” was about. I was very familiar with the lyrics. I know you called, I know you called, I know you hung up my line, star 69, sang Michael Stipe. But I had always thought Star 69 was something like fucking Asteroid B-612.

31 de diciembre de 2025

Cabezas y calendarios

Para sorpresa de muchas personas, mi formación profesional es en psicología. Además, soy un tipo especialmente sensible e introspectivo. Y ni así me di cuenta. 

Comencé el año hundido en la depresión, paralizado por la ansiedad, sin poder dormir y con mi vida personal quebrándose en pedacitos. Trescientos sesenta y cuatro días después estoy bien. Estoy muy bien.

Por favor, cuiden sus cabezas y pongan atención a sus emociones.

5 de octubre de 2024

Platillos y colores


Cuando yo era niño no había lasaña en Chihuahua. Me gustaba leer las tiras de Garfield —no sé dónde conseguía mi mamá esos libros porque tampoco había Sanborns— y ahí veía la lasaña, pero como eran dibujos sólo de trazos no sabía de qué color era. Pensaba que era verde.

En la Ciudad sólo había unas pizzas, Pizza del Rey, que eran bastante malas, pero yo no podía saber eso.

Fue hasta 1996, cuando me fui a estudiar a Estados Unidos, que conocí la lasaña. Me gustó mucho. Pero me gustó más haberla conocido. De todos modos, cuando pienso en aquellas tiras de Garfield, en mi cabeza la lasaña sigue siendo verde. 

8 de septiembre de 2024

Consciencias y mapas

Hace unos meses decidí estar más consciente de mi entorno y de mis pensamientos y eliminé las aplicaciones de redes sociales de mi teléfono. Al levantar la cabeza, lo que más noté es cómo las personas se desconciertan de que alguien esté mirando. Perdón si esto termina pareciéndose a una de esas personas que luego de haber fumado durante años, se convierten en evangelizadores en contra del cigarro.
Me siento en la mesa del café viendo a mi alrededor y por las ventanas y noto cómo varias personas me revisan constantemente. Entro al salón y me coloco en mi lugar minutos antes de que empiece la clase y mis estudiantes se me quedan viendo como si estuviera hablando, incluso cuando les digo que faltan tres minutos todavía.
De pronto, como un reflejo, levanto mi teléfono y presiono donde solía estar el ícono del Twitter y abro un mapa y me siento tonto. Luego pienso en lo tontos que hemos estado todos.

6 de septiembre de 2024

Malos y mingitorios


En el kínder había unos niños malos. Así les decíamos: Los Malos. Eran tres o cuatro y no jugaban con el resto del salón en el recreo, sino que se iban a un rincón liderados por un niño que se llamaba Raymundo. Un día fui reclutado para infiltrarme entre Los Malos, pretendiendo que me quería unir a ellos. Al principio del recreo no entendía muy bien por qué eran Los Malos: sólo estaban sentados comiendo sus refrigerios y platicando de las mismas cosas que platicábamos los demás. Luego, Raymundo dijo Vamos a ver la popó y entonces Los Malos se fueron al baño y pasaron el resto del recreo viendo un mingitorio en el que alguien, de algún modo, había cagado.

1 de septiembre de 2024

Malabares y teléfonos


Era un poco después de las diez de la noche cuando me detuve en un semáforo en rojo. Un tipo se paró frente a los autos y se puso a hacer malabares. Al terminar su acto volteó a ver a su audiencia y se encontró con que los cuatro o cinco conductores estaban todos con las cabezas agachadas e iluminadas por luces azulinas. Gracias Dios, dijo, que nunca se acabe el Internet. Entonces puso una cara igual a la que hace el cantante de System of a Down en el minuto 3:15 del video de “Chop suey” y dijo No olviden darle like y nos mostró el dedo medio de la mano izquierda Y compartir y nos mostró el de la derecha. 

11 de agosto de 2024

Gatos y pinos

Una tarde de verano salí a llamar a Cinco, mi gata negra que se iba a pasear y a esa hora regresaba. Pero Cinco no venía, aunque la escuchaba maullar. Sus maullidos eran muy peculiares: largos, mortificados y sentidos, como si le estuviera explicando al gerente con mucho detalle lo pésimo que había estado el servicio. Encontré a Cinco trepada en un pino dos casas arriba. No podía bajar. La estuve llamando un buen rato pero desistí y pensé que eventualmente el hambre, la sed o el aburrimiento la harían bajar.
Al otro día Cinco seguía en el pino. Le llevé agua y comida y las puse al lado del árbol para que viniera, pero no venía. No podía. Hacía mucho calor. Por la tarde llamé a los bomberos. Me dijeron que eso pasaba en la tele y les llamaban mucho para pedir auxilio, pero que en realidad no daban ese servicio. Toda la noche escuché a Cinco maullar con sus larguísimos miaus.
Al otro día fui al pino con un banco y una escoba. Parado en el banco, usé el palo de la escoba para irle indicando a Cinco por cuáles ramas avanzar. Finalmente llegó al suelo con un salto que seguro avergonzó a toda la raza gatuna. Cinco corrió a la casa, vació dos veces el plato de agua y se echó con las patas extendidas en el piso donde pegaba el aire acondicionado. Ahí se quedó por más de doce horas.

28 de julio de 2024

Timbres y pantallas

Hasta principios de este siglo, un teléfono sonando era urgente: no sabíamos quién podría ser o para qué llamaba. Luego llegaron los identificadores de llamadas y luego los mensajes de texto y las cosas cambiaron… aunque no para todos.
Si recibo un mensaje de texto yo decido cuándo lo atiendo. Sé quién lo manda y sé de qué se trata y así pondero la inmediatez que necesita. Además, puedo seguir trabajando, viendo el futbol o hasta atendiendo una junta virtual mientras contesto.
Una llamada necesita que todo se suspenda. Debo dejar lo que estoy haciendo para tomarla. Por eso prefiero primero avisar antes de marcar y que me avisen antes de marcarme. Y están esas personas que te marcan una, dos y tres veces seguidas y luego reclaman Te estuve marcando y no contestabas y yo respondo Perdón, es que estaba ocupado, pero en realidad pienso Mira, obviamente vi tu primera llamada y vi que eras tú pero estaba haciendo otra cosa –tal vez concentrado en un proyecto, tal vez jugando video juegos, tal vez leyendo, qué te importa– y decidí no dejar mi actividad para atenderte.

19 de julio de 2024

Monos y personajes

Tuve un mono de Star Wars vestido de gris pardo y con un casco. Yo quería el Luke negro, el Luke blanco o el Luke rojo, en ese orden de preferencia. Mucho pero mucho tiempo después rentamos las películas y vi a mi mono: estaba en el puente de mando de una nave de los malos y daba unas órdenes genéricas. No volvía a salir. 

Deberían restringir la fabricación de figuras de acción a personajes protagónicos y secundarios. Nada más. Porque luego pasa esto: el niño quiere un carrito de Cars y la madrina va a la tienda y obviamente ya se llevaron al Rayo McQueen y a Cruz Ramírez y a toda la pandilla y el regalo termina siendo un carrito morado que sale en los pelotones de las carreras. 

Detengamos esto. Hagamos algo. 


15 de julio de 2024

Ciclos y cierres


Dejé mi programa de radio. Duré siete años y medio haciéndolo.

En el verano de 1999 caminaba cerca de mi casa y me encontré a dos amigos que me preguntaron ¿Ya escuchaste el nuevo de Blur? y les dije No, no me ha llegado y me dijeron Vente, vamos a mi casa y lo ponemos. Y nos sentamos en la sala de la casa de sus papás a escuchar el disco compacto e intercambiar comentarios entre canciones o durante los breves pasajes ambientales que enlazan algunas de las canciones del 13.

Cuando comencé con mi programa de radio me imaginé emular esa experiencia: escuchar música juntos y compartir nuestros pensamientos alrededor de ella. El ejercicio duró, como dije, siete años y medio. Si bien fui yo quien decidió terminarlo, ahora siento algunos huecos que no vi venir. Pienso mucho en cómo evitar convertirme en uno de esos adultos nostálgicos e intento involucrarme en las propuestas musicales actuales; hacer radio me mantenía actualizado en ese tema. El programa también me ayudaba a ser un oyente activo de música, es decir, a no tenerla sonando de fondo, sino realmente darle oídos y conciencia.

Como con todas las rutinas que uno deja, poco a poco iré apagando esa constante pesquisa por canciones para poner en la radio. También poco a poco iré dejando de practicar diálogos con los cuales compartir mis piensos. 

Me gustó mucho hacer este programa. 

26 de mayo de 2024

Pantallas y decisiones

Me di cuenta de que entre las aplicaciones del Netflix, el YouTube y demás había una de televisión abierta y ahí encontré un canal de futbol. Transmiten resúmenes de partidos históricos de mundiales y recopilaciones de goles. Y he descubierto que disfruto mucho verlo. Y he descubierto por qué lo disfruto: es el no tener que decidir nada, gozar de un divertimento pasivo y ya.

Cada vez que quiero ver televisión me debato primero entre cuál plataforma abrir. Comienzo luego con el mortificante recorrido entre los miles de títulos. A veces –y seguro no me pasa sólo a mí– se me va casi una hora recorriendo el menú y al final ya no veo nada. Acá es nada más prenderle y echarse a ver.

Hasta la experiencia de los anuncios es diferente, porque al no ser una transmisión para mí, por un rato no veo los mismos tres anuncios de pantalones y cursos que me muestran todo el día en todos lados. Además, los anuncios esperan paciente y educadamente su turno de aparecer y no interrumpen a la mitad de algo importante como pasa en YouTube.

18 de febrero de 2024

Cafés y metralletas

El café Bernardi de la Cantera estaba parapetado por tres Suburbans estacionadas de reversa y cuatro tipos armados frente a la puerta. Si las circunstancias de tu vida son tales que es necesario que tres camionetas y al menos cuatro personas armadas –no sé si había más adentro– te sigan a todas partes, ¿de verdad tienes tienes tienes que llegar al Bernardi? ¿No puedes hacer tu reunión en algún otro lugar?


Algo parecido pensé cierta vez que vi a una señora haciendo sus compras en un Alsuper, seguida de cerca por dos custodios. Mi lógica es que primero se contrata a una persona que se hace cargo del aseo y la comida de la casa, luego una segunda que asiste en lo mismo, luego un chofer, luego una persona que hace reparaciones generales del hogar y se encarga de hacer algunos mandados y luego, ahora sí, los guardaespaldas. Así que si tienes guardaespaldas, seguramente tienes a más de una persona que podría hacerse cargo de tus compras del súper. ¿Tienes que andar paseando las pistolas así por todos lados?

12 de diciembre de 2023

Álbumes e imprecisiones


Sabía que Graham Coxon había publicado uno o dos álbumes como solista, pero ninguna tienda de la ciudad los tenía en su catálogo y sólo había logrado descargar dos canciones de Napster y ni siquiera estaba seguro de que fueran del mismo disco. Entonces recurrí a mi traficante de música pirata, un tipo al que le decían El Chuchuwá y al que le pagaba por quemarme discos con archivos bajados de la Internet. Luego de algunos días me entregó un CD-R con el The golden D, el segundo álbum solista de Graham. En poco tiempo la crudeza y rabia precoz del trabajo lograron que el disco fuera de mis favoritos, una producción que me excitaba e incomodaba desde que le daba play hasta que el visor del reproductor parpadeaba con dos rayas horizontales.

Los fines de semana tocaba (canciones deplorables) en un restaurante bar de la ciudad. Cada viernes, el baterista de la banda y yo intercambiábamos discos que nos quemábamos el uno al otro. Las entregas eran casi siempre recomendaciones, un ejercicio de Ten, creo que esto podría interesarte. Pero a veces también nos dábamos álbumes nuevos que sabíamos que el otro estaba esperando, conseguidos con antelación por filtraciones. Así fue que me entregó un CD-R con el Demon days de Gorillaz, de los pocos álbumes que me han encantado en su totalidad desde la primera reproducción.

Meses después me hice de una copia legítima del disco de Gorillaz, una edición especial con un empaque que se abría como cartel. Cuando puse el disco y llegué a la tercera pista, me desconcertó que esta no era un breve pasaje de apenas veinte segundos, sino una canción completa. La primera opción no resultaba algo impensable, ya que desde Blur Damon solía incluir pasajes efímeros entre canciones. Mi amigo baterista había descargado la canción incompleta y así la escuché durante casi un año.

Luego de más de diez años de escuchar y escuchar el The golden D en el disco quemado que le compré a Chuchuwá, me mudé a los servicios de música reproducida en línea y eventualmente puse el álbum. Además de tener una mejor definición (los mp3 en 56 kbps son ciertamente toscos), el disco ¡tenía otro orden! De eso ya han pasado también más de diez años y todavía me desconcierta reproducirlo y que lo primero que suene sea “… Jamie Thomas” y no “The fear”, y hay al menos otros tres temas que me siguen sorprendiendo cuando aparecen porque espero otros.

Hace poco pensaba en todo esto y apenas caí en cuenta que mis dos álbumes imprecisos eran de integrantes de Blur. 

24 de octubre de 2023

Álbumes y contemporaneidades

Cuando tenían seis años, mis hijos gemelos se pusieron unas playeritas de Nirvana y pues les pedí que me mencionaran tres álbumes de la banda. Así me respondieron:

Me dijeron: Papá, ¿por qué asumes que el goce emocional y estético de la música de Nirvana, o de cualquier banda, tiene que estar vinculado a datos que se pueden ver en Wikipedia?

Me dijeron: Porque ni siquiera estamos hablando de un ejercicio intelectual o de una apropiación cognitiva, saberse los álbumes es como saberse los nombres de los cuadros y con eso asumir que podemos comprender la obra.

Me dijeron: Y mira, el formato del álbum ya no es relevante para personas como nosotros que siempre hemos tenido toda la música a nuestro alcance y podemos tocarla cuando queramos y ordenarla como mejor nos convenga.

Me dijeron: ¿Por qué hoy, en pleno 2023, tendría que interesarnos el orden que Kurt, Krist y Dave le dieron a, por ejemplo, el Nevermind en 1991?

Me dijeron: Y eso si asumimos que fue la banda quien ordenó los álbumes y no el productor, o ¡quién sabe!, la disquera.

Me dijeron: Hoy nuestra realidad es otra. ¿Por qué pensarías que el contexto que le daremos a estas canciones será el mismo o parecido al que tuvieron tú y tus amigos en el 1989 del Bleach, el 1991 del Nevermind o el 1993 de el In utero?

Me dijeron: Con toda la música que tenemos a nuestro alcance, podemos crear nuestra propia curaduría musical, respondiendo a nuestra realidad, a nuestros momentos, a nuestras emociones, nuestras experiencias, nuestras ideas.

Me dijeron: Le agradecemos a Nirvana por haber creado estas canciones y respetamos su legado, pero la música ahora es nuestra y la experiencia de escucharla queda bajo nuestro control.

Me dijeron: Además, ahorita queremos escuchar “Baby shark”.

8 de agosto de 2023

Bares y concordancias

Estos son los aspectos que Anthony Bourdain considera que debe tener un buen bar y con los que estoy de acuerdo.

La cercanía es importante. Geográfica y socialmente. Un bar no empieza a gustarme porque los empleados me conocen y me saludan: los empleados me conocen y me saludan porque el bar me gusta. Esa es la cercanía social. En cuanto a la geográfica, la ubicación te debe ser familiar y accesible. Siempre contempla con anticipación tu ruta de regreso a casa.

Los barristas son importantes. Claro, claro: está la estereotípica figura del cantinero que es además terapeuta. Pero aquí hablamos de tener atrás de la barra a alguien que sepa identificar tus necesidades y satisfacerlas. Aprecio mucho que cuando llego a la barra ya esté la cerveza helada esperándome porque me vieron entrar con calor. Aprecio muchísimo cuando me recomiendan probar algo que luego en efecto me gusta.

La música es importante. A mí me gusta conversar en un bar, así que me encabrona cuando tienen la música muy fuerte. He estado atrapado en bares donde de plano hemos creado un grupo de WhatsApp de la mesa para poder comunicarnos. Las playlists con versiones bossa nova de lo que sea son terribles. Las playlists prefabricadas, facilonas y trilladas son terribles. Y si llegas a escuchar un anuncio de YouTube o de Spotify, abandona el lugar de inmediato.

El horario es importante. Hay quienes gustan de quedarse en el bar hasta muy entrada la madrugada. Hay quienes preferimos ir por la tarde. “El bar de día es doble bar”, digo siempre. Los tiempos deben estar alineados. Que tengan servicio a la una de la tarde es imprescindible para ver la Champions.

La botana es importante. No necesitamos forzosamente un menú bistro o gourmet, pero sí cositas ricas, hechas con cuidado y pensadas para darnos gusto y no para llenarnos o entretenernos. Una buena hamburguesa siempre es bien recibida: robusta, honesta, grasosa.

Los distractores son indeseables. Vamos a un bar a beber. Cualquier cosa que interfiera con esa experiencia es una mala señal. Bares temáticos… ¿qué más tema necesitas que una buena bebida? Bares con música en vivo, bares con karaoke, bares a los que entras por un refrigerador… no, no y no. Algunas de esas cosas van en los centros nocturnos, algunas otras van en un parque de diversiones.

14 de abril de 2023

Fotos y copias


Que unas fotos tamaño infantil para el trámite. Que lo más fácil es ir a una cadena de farmacias. Ahí voy. Sigo las instrucciones y luego luego transfiero las fotos de Damián y de Saúl al aparato. Comienzan los problemas: tengo las dos fotos en pantalla, pero no me permite hacerlas tamaño infantil. Me da pena pedir ayuda: ¿cómo no voy a poder hacer esto? Finalmente acudo a un dependiente que, fastidiado, viene a auxiliarme. Aborda el asunto con cara de otro ñor que no le sabe picar, pero pronto se da cuenta que en efecto hay algo raro y lo asume como reto. Lo va a lograr, dice. Pero luego de casi diez minutos se rinde y va por Fer, el wey que más le sabe en toda la farmacia. Llega Fer y pone manos a la obra. No entiende por qué no se puede: unas rayas rojas deberían ponerse verdes al moverlas ahí y no está pasando eso. Con las cejas apretadas y mordiéndose la lengua sigue manipulando el aparato. Luego abre los ojos bien grandes. Grita que ahí fue, que ya va a salir. Y cierra la sesión. Le digo que falta el otro. Pregunta que si cuál otro. Le digo que el otro niño, que son dos fotos, que son gemelos. Dice no manches, pensé que era la misma foto dos veces. Volvemos a empezar.

18 de marzo de 2023

Opresiones y rebeliones


Víctor me bulleaba aunque él estaba en quinto y yo en sexto. Salíamos en el mismo cuadro de un festival de la primaria y en los preparativos no me dejaba en paz. El día del ensayo general, en el teatro, esperábamos nuestro turno para pasar al escenario. Víctor estaba sentado en una mesa y yo en el suelo abajo de él. Cada vez que la maestra salía –y salía muchas veces–, Víctor me pegaba en la cabeza con una chamarra y todos se reían. Yo sólo me quedaba ahí, pasmado, sin reaccionar, o intentando que no se me notara ninguna reacción. La maestra volvió a salir y un instante yo estaba cerrando los ojos y endureciendo los músculos del cuello esperando el chamarrazo y al siguiente estaba encima de Víctor, que tumbado sobre la mesa intentaba cubrirse de la ráfaga de golpes que le tundía en la cara. 

Esta no es una de esas historias donde el niño oprimido un día se rebela contra su abusador y entonces este lo deja en paz para siempre. Esas historias casi no pasan. Las cuentan mucho los papás, pero casi no pasan. En cuanto me quitaron de encima de Víctor me arrepentí. No supe cómo había llegado a eso, pero había sido muy mala idea. Víctor y sus amigos siguieron buscándome en la escuela. Me rodeaban y Víctor se ponía frente a mí, su cara muy cerca de la mía, y me decía A ver si muy chingón, ahora sí pégame así, sin agarrarme desprevenido.