Abuelos y Páginas
Saramago me gusta. Me gustan sus situaciones infantiles, sus diálogos inverosímiles y corridos, sus largos enunciados con puntuación limitada, sus onomatopeyas —¿cómo olvidar aqellos pájaros de La Balsa de Piedra qe, cuando levantaban el vuelo al unísono, sonaban vruuuu?—, sus críticas burocráticas y religiosas y la perenne ausencia de nombres en los personajes.Ese cariño al viejo portugués tuvo mucho qe ver en el hecho de qe no abandonara Las Intermitencias de la Muerte hacia la página 50. El libro iba lento, soso y poco seductivo. Creí qe qizá era cosa de acostumbrarme a la serendidad y flematiqés de Saramago, luego de haber pasado un buen rato en la vertiginosidad de Guillermo Arriaga —El Búfalo de la Noche y Retorno 201 engullidos en 4 días—, intentaba recordarme a mi mismo qe era a mi viejo amigo Saramago a qien leía, y qe, por tanto, debía continuar, ya qe aqel debía ser un buen libro.
Pero lo lento no acabó. La novela eran dos novelas: la primera era la anunciada en la solapa de mi edición Alfaguara, donde la muerte deja de trabajar; la segunda donde la muerte vuelve a su puesto e inenta matar a un violonchelista hasta enamorarse de él. Qe predecible, qe lento, qe desilución. Qerido Saramago: mi cariño por ti no ha cambiado, pero creo qe has dejadeo de ser el abuelito qe me entretenía con sus historias para comenzar a ser el qe vive en el cuarto de atrás y al qe hay qe limpiarle la baba. Enhorabuena, qe tus libros serán siendo recibidos con calidez, en aras de nuestra vieja amistad.




2 Comments:
ya veo venir a Rak cagandose en El Evangelio Según Jesucristo
28/02/07 11:50
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
01/03/07 12:09
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