12 de diciembre de 2023

Álbumes e imprecisiones


Sabía que Graham Coxon había publicado uno o dos álbumes como solista, pero ninguna tienda de la ciudad los tenía en su catálogo y sólo había logrado descargar dos canciones de Napster y ni siquiera estaba seguro de que fueran del mismo disco. Entonces recurrí a mi traficante de música pirata, un tipo al que le decían El Chuchuwá y al que le pagaba por quemarme discos con archivos bajados de la Internet. Luego de algunos días me entregó un CD-R con el The golden D, el segundo álbum solista de Graham. En poco tiempo la crudeza y rabia precoz del trabajo lograron que el disco fuera de mis favoritos, una producción que me excitaba e incomodaba desde que le daba play hasta que el visor del reproductor parpadeaba con dos rayas horizontales.

Los fines de semana tocaba (canciones deplorables) en un restaurante bar de la ciudad. Cada viernes, el baterista de la banda y yo intercambiábamos discos que nos quemábamos el uno al otro. Las entregas eran casi siempre recomendaciones, un ejercicio de Ten, creo que esto podría interesarte. Pero a veces también nos dábamos álbumes nuevos que sabíamos que el otro estaba esperando, conseguidos con antelación por filtraciones. Así fue que me entregó un CD-R con el Demon days de Gorillaz, de los pocos álbumes que me han encantado en su totalidad desde la primera reproducción.

Meses después me hice de una copia legítima del disco de Gorillaz, una edición especial con un empaque que se abría como cartel. Cuando puse el disco y llegué a la tercera pista, me desconcertó que esta no era un breve pasaje de apenas veinte segundos, sino una canción completa. La primera opción no resultaba algo impensable, ya que desde Blur Damon solía incluir pasajes efímeros entre canciones. Mi amigo baterista había descargado la canción incompleta y así la escuché durante casi un año.

Luego de más de diez años de escuchar y escuchar el The golden D en el disco quemado que le compré a Chuchuwá, me mudé a los servicios de música reproducida en línea y eventualmente puse el álbum. Además de tener una mejor definición (los mp3 en 56 kbps son ciertamente toscos), el disco ¡tenía otro orden! De eso ya han pasado también más de diez años y todavía me desconcierta reproducirlo y que lo primero que suene sea “… Jamie Thomas” y no “The fear”, y hay al menos otros tres temas que me siguen sorprendiendo cuando aparecen porque espero otros.

Hace poco pensaba en todo esto y apenas caí en cuenta que mis dos álbumes imprecisos eran de integrantes de Blur. 

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