Hace dos años visité frecuentemente el Centro Estatal de Cancerología. Era común ver a personas cargando hieleras. Iban por sus quimioterapias. Casi siempre esas personas con hieleras se veían muy enfermas. Ese día entró un señor cargando una y llamó a una puerta. Una enfermera le abrió y se dijeron algo. La enfermera cerró la puerta y en unos segundos regresó acompañada de otras cuatro enfermeras. Ese señor debe estar muy grave, pensé. Pero no: era el señor de los burritos. Saludos desde Chihuahua.
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