lunes, septiembre 29, 2014

Periodos y sonidos

Tras años de practicar una melomanía aguda e inquieta, el 2014 me encontró musicalmente fastidiado. Sin ninguna razón que saltara a la vista, por un tiempo perdí el interés en adquirir nueva música y me dediqué a revivir álbumes con los que me sentía cómodamente en casa, sin ganas de emocionarme con exploraciones y aventuras. Escuché y me reencontré. Reflexioné sobre los formatos y el peso de la música. Decidí poner más atención.

Hoy puedo decir que ese periodo –que llamaremos el periodo blanco, para dramatismo de este texto– ha terminado. En las últimas semanas he adquirido álbumes increíbles, algunos de los cuales sé que estarán conmigo en mi próximo periodo blanco.

Pero esta pausa señaló una buena oportunidad para reflexionar sobre los diez álbumes que considero mis favoritos. No son necesariamente los que me parecen los mejores, pero sí mis favoritos, los que no sólo me acompañaron en momentos de mi vida, sino que los crearon.

Siguiendo el respetuoso orden cronológico de su publicación, estos son mis diez (en este momento de mi vida):

Queen II de Queen: el álbum que me enseñó el rock y a apreciar la música más allá de su inmediatez.

Psyence Fiction de Unkle: la celebración ecléctica y desde el hip hop de una década sin ganas de celebrar nada.

13 de Blur (1999): del dolor de Damon nació la música que conforma mi álbum favorito de toda la vida.

Kid A de Radiohead (2000): un álbum perfecto que desconoce toda la música hecha anteriormente.

Is this it de The Strokes (2001): el sonido reciclado que nos recordó que la actitud puede serlo todo.

Drum’s not dead de Liars (2006): el retumbe de las cosas feas que forman parte de nuestras vidas bonitas.

Mr. Beast de Mogwai (2006): explosiones de emociones tan inmensas que no pueden cantarse.

Bi EP de Manatí (2008): se vale atesorar lo propio, por propio y por ajeno.

El disco de Yo! Linares (2011): porque a veces sólo quieres salir corriendo y vociferar y necesitas escuchar la catársis.

Monomania de Deerhunter (2013): los sonidos sinceros y enfermos que MTV le detuvo al grunge.

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