Reguetones y Personas
Yo que siempre pensé que las infancias normales incluían comprar una copia de la película La Bamba en formato Betamax y verla y verla y verla y verla y aprenderse las escenas de memoria y enamorarse (con esos amores de chiquito) cuando Ritchie le canta “Donna” a Donna y quererse tatuar una guitarra voladora y gritarle que cambie de opinión a la hora que lanzan la moneda para que no se suba al avión y luego en el supermercado encontrarse un casete con la banda sonora de la película y hacer que tu mamá prometa que si te sacas puros nueves y dieces te lo va a comprar y que finalmente te lo compraran y armaras una banda con tu hermano y primos que con guitarras de cartón interpretaran desde la primera pista (La Bamba) hasta la última (Goodnight my Love) en cada reunión familiar. Pero igual y fue sólo mi infancia. Y la de mi hermano. Y la de mis primos.
Infelices diputados. Le han subido de nuevo al precio a los cigarrillos y han dicho que para el 2011 el incremento será todavía mayor. Mucho mayor. ¿El pretexto? Fumar hace daño. Los cigarrillos son dañinos. Enferman a nuestra sociedad.
El dormir es tan valorado. Tan añorado. Tan, tan, tan disfrutado. Cuando las alarmas lo interrumpen la gente se enoja. Muchos se atreven a pedirle otros diez minutos de sueño a sus despertadores y muchos despertadores saben cómo hacerlo.
¿Qué es ser inteligente? Yo distingo entre los hábiles, los cultivados, los astutos y los audaces. Los psicólogos cognoscitivos, desde Stern en 1912, han diseñado una serie de pruebitas y exámenes con los que se calculan los cocientes intelectuales de las personas. Entre más 100 eres, más normal. Más allá del 100, más inteligente. Más acá del 100, más idiota.
El peruano o español o ciudadano del mundo (ya no sé) Mario Vargas Llosa se salió no sólo con la suya sino que hasta con el Premio Nobel de Literatura. Y es grande la ocasión para las letras latinoamericanas.
Miren que yo asistí a la Escuela de Psicólogos y tuve acceso a las tretas y marañas de muchas de sus charlatanerías. Se han escurrido ya algunos calendarios —de los anuales— desde entonces, y he rescatado dos o tres de las psicotécnicas para realmente hacer mejoras a mi cotidianeidad.
Son tantos ya los medios por los que nuestras personalidades se proyectan. Los psicólogos ya no deben preocuparse por aplicar esas pruebas de Rorschach que tan complejas de interpretar son, ni por reclinar al paciente en el diván en tal posición que sus ojos deban torcerse hacia arriba y conectar el habla con el inconsciente. Hoy, en el 2010, uno de los métodos más novedosos y eficientes para valorar los rasgos de personalidad de las personas es marcar a sus números de teléfono celular... y escuchar el tono que le han programado.|
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