
A los 13 años me asustó porque nunca había visto a uno de mis compañeritos tomando alcohol. Menos en la escuela. Menos en un vaso de los Tiny Toons que cambiaba de colores de acuerdo a la temperatura del líquido que contuviera. A los 14 ya lo había visto meterse drogas y, mientras hacíamos un trabajo en equipo en casa de alguien, vi también cómo se besuqueaba con una vecina y le tocaba los pechitos por debajo de la blusa del uniforme de su escuela de gobierno.
Antes de que termináramos la preparatoria fue expulsado de la escuela. Fue ya poco lo que supe de él. Algunos rumores narraban que se dedicaba al narco, que había estado preso y que escuchaba a Megadeth.
Nos encontramos muchos años después. Parloteba con unos chavitos sobre cómo Jesús es Dios y como con Jesús todo se puede. Nos saludamos. Su exagerado gusto en verme y el interés que puso en mi vida me hicieron sospechar de una fingidés de su parte. Me dijo que es ahora Pastor Metodista y publicó un libro que refuta la Teoría de la Evolución y la deja, por fin, definitivamente suprimida. Al parecer siempre se muestra del mejor humor y predica la Palabra en cualquier lugar y momento, por inusitado o fuera de contexto que pudiese parecer.
¿No es precisamente éste el estereotipo que hace que nos caigan tan mal los cristianos?